Marisa: Una madrina espectacular

Cuando los días en los que llevas de la mano a tu hijo para que no tropiece quedan atrás, es posible que se acerque el momento de agarrarle del brazo, pero esta vez para acompañarle, durante escasos minutos que se guardan en la memoria toda la vida, hacia el altar.

 

Para siempre quedarán los recuerdos en los que agacharse era la única opción para susurrarle al oido. Ahora también se susurra, pero alzando un poco la cabeza hacia arriba, por la diferencia de estatura, para transmitir palabras de calma en uno de los días más importantes de su vida.

 

 

 

 

 

 

 

El papel de una madre y, por tanto, de una madrina, es ese. Sujetar del brazo al que tantas veces has sujetado, tratando de transmitirle la calma que tantas veces le has transmitido antes de un examen importante o de un campeonato de fútbol para que metiese todos los casi-goles posibles. Acompañarle como siempre le has acompañado, mirándole desde fuera crecer pero haciéndole sentir que, si tropieza, tu mano está ahí.

Y como día especial, en el que recordarle la presencia de su madre durante todo el camino recorrido y todo el que queda por recorrer, merece un look especial.

 

Marisa, como madrina, irradiaba emoción no solo por el brillo de sus ojos, sino por el conjunto elegido que le envolvía en cada paso que daba. Si el vestido de la novia es el protagonista principal del evento, el de la madrina, asumiendo las distancias, es también centro de las miradas y de las expectativas de los invitados.

Y Marisa no defraudó. Los tonos aguamarina que escogió combinaban a la perfección con la sonrisa que le acompañó durante la velada completa. Mangas vaporosas y envolventes eran el broche final que complementaban la espectacular falda joya.

Un estilismo juvenil y elegante, perfecto para esas madrinas que quieren brillar, tanto en el sentido literal como metafórico, cogidas del brazo de su hijo, uno de los días más emotivos y especiales de su vida.

Deja un comentario